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Aditivos alimentarios: ¿Para qué sirve? ¿son seguros?

Los alimentos de nuestros antepasados no contenían azúcar refinada, glutamato monosódico o E415. En cambio todas estas sustancias, los aditivos alimentarios, están muy presentes en los nuestros.

Usados para colorear, endulzar, mejorar el aspecto o la textura de nuestra comida, no está de más conocerlos un poco para saber qué es lo que comemos. Os contamos qué son los aditivos, si son realmente seguros y algunas curiosidades sobre estas sustancias sintéticas omnipresentes.

¿Qué son los aditivos alimentarios?

Los aditivos alimentarios son sustancias que se agregan a los productos alimenticios —alimentos y bebidas—, normalmente en cantidades pequeñas, para modificar sus propiedades organolépticas (color, olor, textura, sabor, etc.) y/o mejorar su conservación.

La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) los define como «sustancias que se añaden a los alimentos con un propósito tecnológico (para mejorar su aspecto, textura, resistencia a los microorganismos, etc.) en distintas etapas de su fabricación, transporte o almacenamiento».

Estas sustancias, generalmente, no constituyen un alimento en sí mismas ni poseen valor nutritivo. Para identificarlas, en la Unión Europea se emplea el sistema de números E, unos códigos que se asigna a cada aditivo alimentario y que sigue el esquema que vamos a ver a continuación.

En primer lugar aparece la citada letra E, después los 3 o 4 dígitos. El primero nos indica la categoría o tipo de aditivo:

E-1XX → Colorantes.
E-2XX → Conservantes.
E-3XX → Antioxidantes y reguladores de acidez.
E-4XX → Espesantes, estabilizantes y emulsionantes.
E-5XX → Reguladores de acidez y pH.
E-6XX → Intensificadores o potenciadores de sabor.
E-9XX → Varios (ceras, edulcorantes, formadores de espuma y otros).
E-1XXX → Otros productos químicos.

El segundo hace referencia a la familia del aditivo: en los colorantes, el color; en los antioxidantes, el grupo químico al que pertenece; etc. El resto de los dígitos apunta a la especie concreta.

Nos gusta…

La app AditFy, que nos informa sobre la toxicidad de los ingredientes de los productos de acuerdo a listas de aditivos públicas o personales. A partir de una foto de los ingredientes de un producto cualquiera, esta aplicación detecta el código E, E-XXX, señala a qué aditivo alimentario corresponde y cuál es su nivel de peligrosidad.

Puedes descargarla aquí (disponible en Google Play).

¿Para qué sirven? Tipos y ejemplos de aditivos alimentarios

La lista es interminable. Algunos de los aditivos alimentarios más habituales en las etiquetas de los productos que consumimos son (referencia, referencia):

  • Colorantes: agregan o restauran el color en el alimento, como el ácido carmínico (E120), un colorante rojo que se extrae de las cochinillas —sí, los insectos—.
  • Conservantes: prolongan la vida útil del alimento al protegerlo contra los microorganismos. Ejemplos de conservantes alimentarios son el ácido sórbico (E200) o el ácido láctico (E270).
  • Antioxidantes: previenen el deterioro causado por la oxidación. En este grupo se encuentran el BHA (E320) y el BHT (E321), antioxidantes sintéticos procedentes de la industria petrolera.
  • Espesantes: aportan textura y densidad. Un espesante muy utilizado es la goma xantana (E415).
  • Saborizantes o potenciadores del sabor: intensifican el sabor. Uno bastante usado en la industria alimentaria es el glutamato monosódico o GMS (E621). Estos aditivos producen el sabor «umami» (en japonés sabroso), el considerado quinto sabor básico junto con el dulce, salado, ácido y amargo.
  • Edulcorantes: dotan al alimento de sabor dulce. Ejemplos conocidos son la sacarina (E954) y la estevia (E960).

¿Son los aditivos alimentarios seguros?

La seguridad de los aditivos alimentarios autorizados actualmente ha sido evaluada por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés). Los aditivos que figuran en la lista de la UE son solo aquellos para los cuales los usos propuestos se consideraron seguros.

Si bien no siempre se evalúan los efectos cruzados entre aditivos o entre estos y los componentes del alimento, que pueden provocar efectos nocivos a largo plazo. Este estudio revisa críticamente la literatura publicada sobre aditivos alimentarios —conservantes, colorantes, nitrato, nitrito, ácido ascórbico, ácido sórbico y azufre—, sus interacciones químicas y las interacciones con los componentes de los alimentos.

Para qué sirven los aditivos alimentarios

El empleo de estas sustancias ha permitido que los alimentos se conserven por más tiempo o asegurado su salubridad, evitando por ejemplo el botulismo (infección causada por una neurotoxina producida por la bacteria Clostridium botulinum). Pero también son las culpables de que haya yogures o mermeladas de fresa que no contienen ni una sola fresa.

Los aditivos potencian la aceptación del consumidor: alimentos mucho más bonitos y sabrosos, eso sí, a base de engañar a nuestro paladar como os contábamos en este otro artículo del blog. Hay una cosa clara: cuantas más «E» en la etiqueta, menos natural. Así que en lugar de productos con sabor añadido a fresas, ¿por qué no nos comemos mejor directamente las fresas?

Nuestras bebidas de kéfir y kombucha no contienen aditivos alimentarios químicos. Para otorgarles su sabor usamos aromas naturales, ingredientes de origen vegetal que no están considerados un aditivo y no tienen que llevar un número E cuando los declaramos en la lista de ingredientes.

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