Probióticos en ancianos: ¿cómo les afecta? ¿Son buenos en personas mayores?

Los años nos regalan experiencias, nos permiten ser más libres. La vejez es esa etapa de nuestra vida en que podemos ser más nosotros mismos que en ninguna otra. Ese momento en que nos permitimos mirar atrás y sonreír por todo lo vivido, por todos los sueños cumplidos.

Pero el paso de los años no solo nos regala experiencia y libertad, sino que también produce cambios en nuestra anatomía, tanto de forma externa como interna. La vejez va de la mano con el deterioro de los tejidos y órganos internos, por lo que hay ciertos cuidados que no podemos dejar de lado para que la calidad de vida de nuestros mayores sea mejor.

El consumo de probióticos en ancianos es una buena forma de avalar una mejoría en su calidad de vida.

Probióticos en personas mayores, ¿son recomendables?

¿Qué son los probióticos?

Según la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), los probióticos son microorganismos vivos que, en cantidades adecuadas, otorgan beneficios para nuestra salud.

Se trata de alimentos o suplementos que contienen bacterias vivas que están destinadas a mantener o a mejorar la microbiota de nuestro organismo.

Hoy en día es cada vez más frecuente que los ancianos tengan desequilibrios en la microbiota. Esto puede venir producido por múltiples factores, tales como una mala alimentación durante toda su vida, repetidos trastornos intestinales, producidos normalmente por medicamentos, una ingesta excesiva de azúcares o un alto nivel de estrés. Llegados a este punto, la salud del aparato digestivo se ve alterada y podemos encontrar digestiones pesadas, inflamaciones abdominales, problemas de tránsito, entre muchos otros.

¿Cómo podemos solucionar este problema?

Primero y ante todo, hay que tener en cuenta que al tratarse de un tema de salud, toda complicación debe pasar por las manos de un médico, que nos guiará y nos dirá que pasos seguir. Pero es importante comentar también que hay ciertos remedios para poder solucionar la situación o, tal menos, atenuarla: seguir una dieta equilibrada, reduciendo al mínimo la comida basura e incrementando los alimentos frescos, es uno de los principales, sobre todo cuando implica una ingesta regular de probióticos.

En el caso de las personas de avanzada edad, esto resulta especialmente relevante, ya que los probióticos nos brindan, entre otras cosas, un refuerzo del sistema inmunitario, algo que con la edad goza de vital importancia, ya que se ve especialmente debilitado. Además, desplazan a los microorganismos perjudiciales para la salud y evitan su propagación.

Desde el punto de vista gastroenterológico, el incremento de los probióticos en la dieta del anciano ayuda a reducir el estreñimiento asociado a la edad, ya que, entre otras cosas, colaboran para mantener una buena digestión, aliviando los síntomas producidos por las intolerancias y evitando, de este modo, las digestiones pesadas.

Reducen la diarrea por antibióticos, que altera el equilibrio de la flora intestinal, la cual es restaurada gracias a estos microorganismos. Las personas de avanzada edad constituyen un grupo perjudicado en este caso por su elevada exposición a los antibióticos, ya que las infecciones que suele acarrear la edad habitualmente vienen emparejadas con su administración, así como también la de otro tipo de medicamentos que alteran la microbiota. Desde este punto de vista, su consumo genera efectos positivos, como la reducción de episodios de diarrea asociada con estos, provocando que sus efectos sean menos severos.

Además de todo lo mencionado, los probióticos nos ayudan a la formación de nutrientes esenciales como las vitaminas, los enzimas y los ácidos grasos, estimulan la formación de ácido láctico, disminuyendo el PH del tubo digestivo y favorecen la absorción de calcio, hierro y magnesio, todo ello muy necesario para conseguir una mejor calidad de vida en los ancianos.

¿Qué tipo de probióticos son recomendables para los ancianos?

No todos los alimentos probióticos están aconsejados para todas las edades, eso es importante saberlo. Aquí tienes una lista de los más aconsejables y los que no deberían faltar en la dieta:

  • El yogur natural, un alimento probiótico esencial con alrededor de 100 millones de bacterias y numerosas propiedades. Se trata de un producto lácteo obtenido por la fermentación de microorganismos específicos de la leche. Es un alimento que no debería faltar nunca en su alimentación.

  • Kombucha: es un tipo de té fermentado de origen milenario, que procede de China. La Kombucha trata de una bebida probiótica proveniente del té dulce y rica en bacterias y levaduras beneficiosas. Es una fuente de antioxidantes que puede mejorar la digestión y la flora intestinal.

  • Miso: se trata de una pasta proveniente de Japón elaborada a base de semillas de soja, habas, arroz o cebada fermentados. Es un alimento probiótico gracias a su proceso de fermentación con hongos. Está lleno de microorganismos vivos que resultan beneficiosos para el organismo.

  • Col fermentada o chucrut: durante su fermentación, se generan bacterias muy necesarias para la salud, por lo que nos ayudaría a la absorción de los nutrientes esenciales, así como a proteger a nuestro intestino del efecto de los antibióticos, entre otras cosas. También ayuda a mejorar el sistema inmunológico y nos aporta minerales.

Suplementos probióticos

Para esos momentos en que la vida nos atropella, sentimos que somos incapaces de seguir una dieta equilibrada o un ritmo constante, los suplementos probióticos nos dan la solución.

La marca Prokey nos ofrece un agua de Kéfir ideal para cualquier edad. De sabor agradable, con dos opciones a elegir: de jengibre y menta o hibisco, y cargados de beneficios para mejorar las condiciones de vida de nuestros mayores. Un trago de salud que les calmará la sed a la vez que les ayudará a tener un mejor descanso y les aportará la energía necesaria para el día a día.

Probióticos, ¿más longevidad?

Como hemos dicho ya, los probióticos están vinculados a una mejoría en la salud de las personas, lo que está directamente relacionado con una mejor calidad de vida, lo que, teniendo en cuenta el efecto positivo que ejerce sobre muchas de las enfermedades que suelen padecer los ancianos, podríamos decir que está relacionado con una mayor longevidad.

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